A 40 años de la autonomía de Gesell: entre espías y vecinos

En un nuevo aniversario de la autonomía de Gesell, recordamos la labor de la comisión creada entre vecinos para esos fines.  Sin embargo, hubo algo más: un informe secreto de los Servicios de Inteligencia de la Policía Bonaerense que alertaba sobre una disparatada “amenaza marxista”. El repaso de los archivos desclasificados y publicados en el libro “Historias de Villa Gesell”.

Fragmento de “Autonomía: Del Geselazo a la amenaza izquierdista”
(CAPÍTULO DEL LIBRO “HISTORIAS DE VILLA GESELL”)

Por J.I.P. | Amparado en dictámenes técnicos del gobierno bonaerense (uno del Ministerio de Salud, el otro del de Obras Públicas), la Municipalidad de Madariaga sancionó en enero de 1977 una ordenanza que suspendía por varios meses las obras civiles en Gesell, localidad que pertenecía administrativamente a la Ciudad Gaucha. La medida fue tomada con rechazo desde la Villa, donde se aseguraba que la suspensión iba a dejar sin trabajo a 500 personas vinculadas a la construcción. Sin que nadie lo hubiese imaginado, este episodio terminaría acelerando el proceso mediante el cual Villa Gesell obtendría su autonomía un año más tarde, el 1º de julio de 1978.

Si bien la relación entre Gesell y Madariaga fue históricamente armoniosa, durante la década del ’70 mantuvieron repetidas diferencias que decantaron en la emancipación municipal.  Ya en junio de 1970 numerosos vecinos geselinos se organizaron en la recordada movilización en auto hasta la puerta de la municipalidad madariaguense. Se trató del legendario Geselazo, apenas un año después del Cordobazo e incluso publicado en las páginas del diario Clarín.

El Geselazo fue el germen de lo que media década después devendría en la Comisión Pro Autonomía Villa Gesell. Fue fundada en 1975 por varios vecinos, la mayoría involucrados en el origen de diversas instituciones hoy fundamentales de nuestra ciudad (desde los Bomberos hasta el Atlético, en un largo etcétera). Durante su primer año la Comisión logró avanzar gestiones en el plano provincial, aunque el Golpe de Estado del ’76 suspendió todo.

El diferendo del verano de 1977 a partir de la mencionada disposición de Madariaga sobre las obras públicas de Gesell volvió a darle ínfulas a los movimientos autonomistas de la Villa. Las protestas de todos modos no fueron masivas ni ruidosas, ya que mucho no podía hacerse en plena Dictadura. No obstante esto, parece que aquel murmullo llamó la atención de los radares militares: la situación fue seguida de cerca por espías al servicio de la Policía Bonaerense. Así se pudo saber una vez que estos archivos de inteligencia fueron desclasificados por la Comisión Provincial por la Memoria y publicados en el libro “Historias de Villa Gesell”.

La carpeta que los espías le dedicaron a este contubernio entre Gesell y Madariaga es frondosa, aunque en ella redunda principalmente una idea disparatada. “Se han detectado varios elementos izquierdistas en la zona, tanto en Villa Gesell como en Madariaga. Al parecer, en este momento no desarrollan actividad alguna, pero es muy probable que desarrollen reuniones encubiertas”, alertaba en 1977 un documento secreto de la Policía Bonaerense. Otro informe agregaba que en Gesell circulaban vehículos con patentes diplomáticas de países al otro lado de la Cortina de Hierro. Según la información recabada por los espías junto a los “confesores” locales, las células comunistas querían aprovechar el clima de disputa entre pueblos para hacer sus intromisiones. Un relato fabuloso. Es decir: hermoso de leer pero sólo posible en una dimensión que no es la realidad.

Pese a esta observación delirante de los espías secretos en la zona, los documentos también desprenden interesantes observaciones que los agentes van anotando en sus escritos. A propósito de las verdaderas causas de la tensión Gesell-Madariaga, un informe describe que “la gente de Madariaga vive fundamentalmente del campo, pertenece a familias antiguas de la zona, tienen costumbres muy acendradas y viven en una ciudad cuya población y edificación no ha crecido apreciablemente”, mientras, a diferencia de ellos, los de Villa Gesell “provienen de muchos lugares, tanto del país como del extranjero, viven en una ciudad que ellos mismos han hecho, cuya población y edificación crecen permanentemente, y se adaptan la cambio que la época impone. Es muy difícil que mentalidades tan dispares se pongan de acuerdo”.

Cuando Gesell era nada, necesitó ubicarse administrativamente bajo el dominio de Madariaga. Pero décadas después la Villa creció como nunca y hacia otro lado, el de las localidades balnearias, algo que la ruralidad de Madariaga ya no podía contener. La escisión era inevitable y terminó sucediendo en 1978 gracias a la insistencia geselina, pero también por la paranoia generada en los mandos militares a partir de estos documentos pródigos en fábulas de conspiraciones marxistas.

A pesar de que el gobierno militar de la provincia de Buenos Aires se negó originalmente a conceder la autonomía geselina, a partir del conflicto Madariaga-Gesell del verano de 1977 inició un  rotundo cambio de posición, tal vez sugestionado por los insistentes pedidos de la Villa y un poco también por esos informes secretos de la Policía Bonaerense.

Así las cosas, el 11 de abril de 1978 el gobernador Ibérico Saint Jean promulgó el decreto provincial que declaró Municipio Urbano no sólo a Villa Gesell, sino también a Pinamar respecto de Madariaga, y también al corredor San Clemente-Punta Médanos de General Lavalle.

La medida tomó efecto el 1º de julio de 1978 y se realizó un acto en la Plaza Primera Junta. El mismo fue presidido por un ya anciano Carlos Gesell (moriría doce meses después) y Roberto Pidal, sombrío policía que asumió como interventor militar del flamante municipio. Harían falta cinco años y medio más para que la nueva ciudad pudiera elegir democráticamente a sus propios gobernantes y comenzara a escribir años más felices en su historia.

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