Ricardo Tonelli: el recuerdo de un gran periodista

“Tone” desarrolló una gran carrera en distintos ciclos de Canal 2, sobre todo en La Revista en TV y Nexos, programas que crecieron con su sello. Había fallecido el 30 de septiembre de 2015 y en aquel entonces PULSO GESELINO convocó a varios allegados para recordarlo.

Por Juan Ignacio Provéndola  | La noticia de su partida había sacudido a toda la ciudad. Si bien hacía algunos años que estaba retirado de la vida pública, Ricardo Tonelli permanecía presente en la consideración de Villa Gesell. Su presencia en la pantalla de Canal 2 durante más de dos décadas lo había convertido en una figura destacada. Fue, sin dudas, uno de los periodistas más reconocidos y respetados de su generación.

Varios ciclos llevaron su sello, entre ellos La Revista en TV y, sobre todo, Nexos, componiendo una recordada dupla con Ricardo Arkader. Ambos condujeron un inédito espacio periodístico de debate político que aún se mantiene en pantalla, aunque con otros intérpretes.

El periodismo no era la única afición de Ricardo. Antes de dedicarse ese oficio, despuntaba otro con igual o más pericia: la fotografía. Trabajó muchos años en La Foto Antigua, conocido emprendimiento creado por la familia Porta. Era el encargado del laboratorio, revelando las fotos a la vieja usanza, hasta que en 1992 compró el comercio, que actualmente maneja uno de sus hijos.

El dato de su partida circuló en las primeras horas del miércoles 30 de septiembre de 2015 como un rumor, hasta que finalmente se confirmó. Automáticamente, la tristeza y el dolor se expandieron por toda la Villa, lo que da cuenta de la estima y ponderación de la que gozaba Tonelli. Aquel día triste, PULSO GESELINO convocó a alguno de sus amigos y colegas más íntimos, con el objetivo de homenajearlo en el recuerdo vivo.

Republicamos aquellos testimonies luego de la celebrada decision de homenajearlo inaugurando en el Día del Periodistas una plazoleta con su nombre en 112 y 10

 

RICARDO ARKADER: Desde las 11 horas de este maldito 30 de septiembre, estoy buscando la palabra justa, el sentido exacto de lo que me pasa. Tal vez tuve que esperar que diera vuelta el calendario y encontrar en estos primeros minutos del primero de octubre, el sentimiento justo: tristeza.

Así estuve todo el día de ayer. Sin ganas, sin ánimo. Es que la noticia de la muerte del Tone, por más que la crónica estaba anunciada, cuando llegó, fue un golpe al plexo. Un bofetazo de nocaut. Esas noticias que los periodistas nunca queremos dar. Y me tocó a mí hacerlo en el canal. Fui la persona elegida para convertir el rumor pueblerino en algo oficial.

Es que cuando uno nace, inconscientemente empieza a prepararse para  enterrar a sus mayores. Nunca a los de la misma línea y muchos menos a los de abajo. Y estas torpezas del destino, nos hacen pararnos en una realidad inobjetable: estamos en una edad en que ya se empiezan a morir los pares. Ya muchos enterramos a nuestros padres y es la hora indicada para comenzar a preocuparnos por el destino final de los hermanos y de los amigos.

En el 91 había tenido los primeros contactos. En el 93 empezamos a trabajar juntos y juntos nos fuimos convirtiendo en una dupla temible. Muchos de Nexos, de noticieros, de varios programas del canal y de viajes de laburo. En los viajes es donde uno se conoce más. Uno se empieza a desnudar y a mostrar las caras más sensibles. Y entre ellas el amor incondicional a los perros, ese mismo amor que compartimos hasta su último minuto de respiración. Desde aquellos Pointer hasta los últimos Salchichas.

Y si algo aprendí del Tone fue el amor incondicional por el pueblo. Y esto se los puedo asegurar, más allá de la línea editorial del laburo: la prioridad del Tone siempre fue la mejora del pueblo, más allá de quién esté gobernando. El tipo se peleaba a 15 rounds con el boxeador más pesado, con tal de defender a Villa Gesell.

El Tone, con su sello y con su impronta, le puso el pecho al mediodía. Con su estilo acompañaba en su Revista en TV a los que almorzaban solos por elección o porqué estaban simplemente solos en sus casas. Su formación le permitió entrevistar al tipo de acá a la vuelta o al premio Nobel, sin que se note la diferencia.

El Tone se fue y no pudo esquivar los malintencionados zarpazos de la parca. Y ahí estará peleándose con San Pedro, para conseguir un mano a mano con el Barba, hasta ponerlo en aprietos.

 

RAÚL PUJADAS: Hoy me tocó vivir uno de los momentos más tristes de mi vida. Encontrar muerto al amigo más antiguo con el que estaba en contacto. Fui a verlo porque no me contestaba el teléfono y tuve que saltar  cercos con candados, romper vidrios, encerrar los perros y tocarle la mano para sentir que realmente estaba muerto.

Imaginate mi día, lloré muchísimo y ahora, tomando un vino con mi futura esposa (nos casamos el 27 de noviembre) agarré la compú para tratar de decir algo.

Los dos éramos del Barrio La Perla de Mar del Plata y lo conocí en 1968. Desde esa época algo nos unió. Yo monté el primer laboratorio en el que él comenzó a interesarse por la fotografía. Fui como su maestro. Luego, a lo largo de 47 años, nuestras vidas se cruzaron una y otra vez. En Santa Fé, cuando yo estudiaba cine, se quedo un año. Vino a Gesell a visitarme y se quedó a vivir.

Construimos nuestras casas juntos, en el sur. Fuimos pioneros de Colonia Marina. Abrimos la calle con motosierras y caminábamos juntos todos los días 30 cuadras de ida y de vuelta para tomar el colectivo en la 150, rumbo a nuestros respectivos trabajos. Yo hacia la corresponsalía de El Pionero y Gaceta del Mar, y Ricardo de El Atlántico. Tantas veces él publicaba mis fotos y yo las suyas para zafar uno y el otro al no poder cubrir el mismo acto los dos.

Luego tardé un año en convencer a Masor de tomarlo a “Richi” como conductor en Canal 2. De ahí en más trabajamos años juntos. Yo producía y el conducía y, tarde o temprano, estábamos compartiendo todo el día.

Se fue uno de mis amigos más intimos y queribles.

SILVANA SZMUKLER: Me decía «nena», y yo lo agradecía. El hombre que aún usaba campera de cuero y andaba en moto. Elegía destinos como Chiapas para viajar, porque viajar para él era seguir preguntando, periodisteaba por el mundo. Me llamaba «citadina» por mi manera poco geselina de vestir, en aquellos días de 1996. Me eligió para ser su productora en La Revista en TV, su sello propio, el programa de Tonelli. Creó el 5800, el tremendo «Hace un año….» que desvelaba a los políticos locales. Como decía él: «Ahora, entre nosotros, total, no nos escucha nadie». Preguntaba eso que había meloneado hacía días. «La venenosa», la llamaba.

Difícil marcarle el tiempo en una entrevista jugosa. Cardoso y/o Pujadas y/o Bachmann o yo, o Susana Río, o Ñeque, desesperados porque se nos iba la hora. “¡Hacele señas!” “¡Le hago, pero no me da bola” “¡Tirale la cortina!” “Mandale la tanda”. Tone inmutable: la nota era todo.

Discutimos a morir. No estábamos de acuerdo en casi nada, excepto en la pasión. De derecha a izquierda, a Tone le cabían todas, si él estaba convencido. Siempre decía: “Si somos un pueblito así de chiquito, ¿cómo no podemos ponernos de acuerdo?”.

Proponía la Revista en TV como espacio para amigar a los peleados, el lugar para hacer los sorteos transparentes, el centinela de la ciudad. Organizamos la primera jornada de limpieza en playa de la que tengo recuerdo, por el ‘97 o ‘98.

A la Revista venían todos. Para el cierre del año (‘98 o ’99, no recuerdo), armamos un video con la idea de mostrar a todos los que habían venido en el año. La canción que elegimos era “Para llegar”, de Baglietto (la estoy escuchando ahora) y no dábamos abasto con las imágenes de los que venían a la Revista. Desde el gobernador, a Tucho y Muralla, que hoy siguen haciendo su festejo del Día del Niño. Todos tenían espacio. Con Tonelli, las puertas estaban abiertas.

Me hacía enojar. Me decía: “No pulséemos, nena”. Obvio que la pulseada la ganaba él.

Para Ricardo Arkader, me atrevo a decir, fue un padre, en cierta forma. La palabra de Tone era importante. Lo que él quisiera hacer era determinante. Tonelli apostaba a más, siempre. En Reporter, en Nexos, en la Revista.

El día de su fallecimiento, Riki me llamó (nunca antes lo había hecho desde que me fui del canal) para avisarme que Tone murió. Me mató al decírmelo. Y más aún cuando dijo que muchos recuerdos venían a su mente y en todos estábamos los tres. Quedé rebotando, dando vueltas entre los días del pasado, de un pasado en el que con Tone nos juntábamos a comer, a tomarnos un vino, a fumar como escuerzos, a reirnos de cosas que nunca podremos comentar públicamente. Ya ahora, ninguno de los dos fumaba.

Tone era muy amigo de sus amigos.  Amaba a su madre, a sus hijos, a sus perros. Su vida en Mar del Plata. Su trabajo. Su saco de lana con aroma a salamandra. Su café al llegar. Dirán que hablo sólo del Tonelli periodista, del Tone del canal.

Es el que conocí más. A través de los días de la vida, en el medio del trabajo fui sabiendo de su vida. Fuimos siendo amigos de lo cotidiano. Él, a veces, me traía un regalito. Muchas veces preguntaba por Lolita. Decía que me admiraba como mamá. Eso era lindo de escuchar.

En 16 años hicimos muchas cosas juntos. ¡Hasta llamamos a la Antártida el día de la base vicecomodoro Marambio! ¡Jajaja! era como llegar a la luna para Canal 2 de Villa Gesell. Aprendí con él, mucho. Con él y con Raúl Pujadas, con Ñeque, en esos primeros pasos que dí en la tele.

Necesito compartir esto que me pasa. Este llanto acongojado como el de una niña que me tomó hace una hora atrás y no podía detener. Necesito especialmente compartirlo con personas que en todos estos años fueron parte de la vida del Tone y lo quisieron: con Raúl Pujadas, con Sergio Conde Cardoso, con Ñeque, Sergio Horbik, con Cecilia Bosisio, Karina Núñez, Laura Frentes, con Di Lloyd y Claudia Gernhardt, con Susana y con Gabi Acevedo si aún estuviera aquí. Con Claudia del Rabal. Obviamente con Ricardo Arkader.

Otros se deben sentir cercanos al Tone. Sólo menciono algunos de los que estuvimos cerca de su vida en los últimos 20 años. Pido perdón, no quiero excluir a nadie. Es lo que viene ahora a mi memoria. No hubo despedidas. No hubo ceremonias.

Querría que nos juntáramos a recordarlo. Que encendiéramos una vela en su memoria, tan presente. Que volviéramos a ser por un rato, aquellos que fuimos, para traerlo a la vida un momento y disfrutarlo otra vez.

EMILIANO MASOR: Quiero recordar a mi amigo Ricardo Tonelli, con quien compartí momentos inolvidables unos cuantos años en el programa de Canal 2 de Gesell La Revista en TV. La palabra es «Placer». Esos minutos sobre el cierre del programa, entrar a mostrar la columna deportiva llena de imágenes, info, pimienta y rivalidad.

Hace poco subí un video. El Tone era fana de Boca y me mostraba un póster post triunfo ante Santos de Brasil, por la final Libertadores 2003, y yo, disfrazado de hincha de Milan de Italia (el rival que lo esperaba para la Intercontinental en Japón), me hacía pasar por un primo mío que venía por la «Vendetta» de la familia. La pasábamos de puta madre y, como todo, tuvo su ciclo. Y quedó una amistad desde ese entonces, desde el primer programa de La Revista, por principios del ’95.

Mucho código, confesiones, sacadas de cuero a todo el mundo, y siempre terminábamos a las carcajadas con esa particular carraspera de fumador que tenía. Un tipo con una amplia cultura general, de cualquier tema se podía hablar o pedir un consejo. Como periodista y fotógrafo, la dejó chiquitita como pelotita de ping pong, ubicado, respetuoso, informado.

Lo vi por última vez, a principios de Julio, en su casa, y hace una semana hablamos por teléfono por los interminables trámites del jeep naranja que le vendí y que lo había dejado re tunning como buen fierrero.

Lo voy a extrañar. Cada vez que nos veíamos o hablábamos por teléfono, no dejaba de preguntarme nunca: «¿Y Juancito, cómo anda?». Un crack. Gracias y hasta siempre, Tone.