Bestiario visible e invisible: la fauna de Villa Gesell

Las aves constituyen la principal fauna de todo nuestro Partido. Son más numerosas que los mamíferos, reptiles y quizás moluscos. Un repaso por las distintas especies a partir de “La guía secreta de Villa Gesell”.

Foto: Claudio Aragona | Comenzar a observar las aves es introducirse en un mundo mágico. Porque hay más o menos 200 especies de ellas por estos lares, habitando diferentes ecosistemas, como: la playa y las dunas, las lagunas y bañados del oeste y los jardines y el bosque.

En líneas generales el momento ideal para descubrir nuestros amigos emplumados, está comprendido por las ultimas horas del tarde y las primeras de la mañana. También conviene saber que hay más especies en verano, ya que tenemos pájaros migratorios, del cual el más popular es nuestra golondrina, que empieza a aparecer en octubre, viniendo de miles de kilómetros al norte.

La paloma torcaza (Zeinada Auriculata) quizás sea el ave más abundante en Villa Gesell, esta especie de 22 cm. y color gris plomizo, es considerada en muchos lugares plaga por el daño que causa en los cultivos.

La Cotorra (Myopsitta monachus) también es un ave muy frecuente y no muy querida por sus chillidos y los daños que causa. Pero de todos modos debemos inferir que si están en la naturaleza por algo ha de ser. Su desembarco en Villa Gesell no data de mucho tiempo atrás, pero empiezan a multiplicarse. No hay problema alguno para divisarlas, porque hay pocos animales que armen tanto ruido con su presencia y su costumbre de amontonarse en sus grandes nidos conventillos, de preferencia en los eucaliptus.

Tanto cotorras como palomas tienen predadores que controlan su población, como es el caso de la tan perseguida comadreja (didelphis albiventris). Si bien este animalito gusta de darse suculentos festines con las gallinas, este hecho se puede controlar haciendo gallineros bien cerrados. La comadreja, sin proponérselo, cuida los cultivos y huertas, aunque no puede subir a los eucaliptos por que sus troncos son muy lisos. Por este motivo, la cotorra anida en ellos, como se dijo arriba. Otro predador es el Chimango (Milvago Chimango), a quien es frecuente ver pasarvolando con un pichón de paloma, que nunca llegará a la adultez, en su pico. En suma, en Villa Gesell no hay plagas.

Es una difundida falacia una que propagan los enemigos de los árboles respecto al álamo negro, que califican como plaga. Lo absurdo de esta manifestación va de suyo: ¿Cómo puede ser plaga algo que tarda años en crecer? En cambio, cuando los álamos jóvenes, uno junto al otro, forman esos macizos de dos metros de alto, se convierten en uno de los paisajes más fascinantes del Bosque. 

Un ave que llamaba mi atención en la infancia era la paloma picazuro (columba picazuro). Le decíamos montera o gallinaza, por sus 34 cm de tamaño. Esta paloma alimenta a sus pichones segregando una sustancia lechosa de su buche. 

Son numerosos los gorriones (passer domesticus), animales exóticos que según dicen trajo al país Domingo Faustino Sarmiento, y los chingolos (zonotrichia capensis) quienes constituyen una especie criolla si las hay. Las calandrias(mimus saturninus) tienen muy mal carácter, suelen picotear a los perros que pasean distraídos, pero tienen un canto magnífico y la capacidad de imitar otros pájaros y hasta el relincho de los caballos, una vez escuché a una calandria que imitaba el ruido del vaivén de un cartel colgado con una herrumbrosa cadena. El zorzal Colorado(turdus rufiventris) canta casi como Gardel. Se lo ve frecuentemente caminado en procura de lombrices, a las cuales caza con una habilidad asombrosa. Los Caracoles Terrestres son perseguidos a su vez por los Benteveos(pitangus sulphuratus), característicos por su inconfundible voz, que parece estar repitiendo bicho feo; y su color amarillo intenso en el pecho, marrón en el dorso y simpático antifaz.

El Benteveo es un pájaro con bastante de carnívoro y peleador. Aparte de su grito más popular tiene otro que parece de batalla. Dicen los paisanos que entonces anuncia lluvia. A veces toma un caracol con el pico y lo arroja sobre una superficie dura para romperlo y luego comerselo. Costumbre que también tienen algunos vecinos y turistas, solo que sin romperlo. Colocan a varios de estos moluscos en una caja bien cerrada con una redecilla, y los alimentan una semana con polenta. Se preparan con una salsa, la aprensión solo resiste al primero que se prueba, pero finalmente la fuente queda llena de caparazones vacíos.

Bueno no esta mal perseguir al caracol de tierra, empeñado en devorar las plantas de los jardines y lejos de la extinción, para hacer una comida exótica y deliciosa. Lo que si es una infamia es perseguir al cabecita negra (carduelis magellanica), y a otros pájaros para condenarlos a cadena perpetua. Será esa costumbre idiota que tiene el hombre de pretender poseer todo. Los pájaros no son de nadie y son de todos, si se quiere disfrutar de ellos basta con observarlos y escuchar su canto. El secreto está en ir relacionándose con ellos de poco y quizás algún día logremos lo que refiere Jorge Luis Borges, haciendo referencia a Guillermo Enrique Hudson: “…Estaba llena de pájaros la casa, él los llamaba, tenía migas de pan en las manos, los pájaros acudían… Y parece que Hudson también logró eso, ¿no? si, el identificarse de tal modo con los pájaros que no lo veían como un hombre sino como a otro pájaro…”

Bestias y seres del bosque más difíciles de ver. El Verderón (Carduelis chloris) es un pájaro de Euroasia, quien incursionó misteriosamente en nuestro país sin poderse determinar como lo hizo. Los ornitologos no tenían noción de su existencia en la argentina hasta que lo descubrieron en Villa Gesell en el año 1979. Es muy difícil verlo, y más fácil escucharlo, siempre y cuando se conozca su canto, lo es solo patrimonio de los iniciados en los ritos de la ornitología. El verderón se asemeja a un canario, tanto por su contextura física como por su costumbre de alimentarse de semillas. Posee un color verde oliváceo con algunas partes amarillas. Además de la complicación que representa llevar a avistarlo, existe la posibilidad de ver uno casualmente y confundírselo, si uno no conoce demasiado el tema, con la hembra del cabecita negra (carduellis magellanica).

Cuando uno manifiesta estas posibles confusiones más de un ornitólogo quizás se pregunte ¿Cómo pueden confundir al Verderón con el cabecita negra? Bueno, existen distintos conocimientos y sensibilidades, y basta que uno nunca se haya puesto a mirar los pájaros para confundir un carpintero con una gallina. 

El carpintero real (colaptes melanolaimus) no es tan difícil de observar, pero hay que estar dispuesto a ello y prestar atención. Uno descubre los primeros carpinteros reales cuando comienza a tener un contacto más profundo y curioso con la naturaleza. El carpintero tiene un copete rojo, un antifaz blanco, el dorso y alas con un plumaje que recuerda al de una gallina bataraza y el pecho blanco con pintitas negras. Golpea los troncos de los árboles para verificar si están huecos, y de ser así comienzan a perforarlos para introducir su lengua y pegajosa, y capturar gusanos y larvas. Pero no desdeñan los hormigueros, donde encuentran un suculento manjar.

Seres mitológicos. El verderón y el carpintero, y los microbios que por diminutos no nombramos, no son los único habitantes del Bosque difíciles de ver. Hay otros más difíciles de encontrar aun. El Gnomo del Bosque (cupresus gnomai) es un morador de existencia comprobada. Los testimonios de las personas que han visto a los gnomos de la especie cupresus gnomai coinciden en describirlos como pequeños seres de treinta o cuarenta centímetro, que tienen una risa clara y cristalina (palabras textuales de quienes los vieron). Están provistos de pantalones verde oscuro, que conforman una misma prenda junto con las medias. Visten, además, una casaca roja y un sombrero con una pluma, bastante abollado, no muy largo, cónico con la punta redondeada. Sus caras son redondas, sus ojos vivos y algo felínos. Las orejas tienen forma de hoja de árbol. No tienen barba pero si largas y pobladas patillas. Habitan en las coníferas, preferentemente en los Cipreses Lambertiana (Cupresus Macrocarpa) y saltan de rama en rama con una agilidad aun mayor que la de los simios. Tal vez los lugares donde pueden encontrarse son esos suelos del bosque donde afloran desproporciona-damente las raíces de los árboles . El combate de esas raíces con la tendencia disgregadora de la arena crea paisajes realmente extraordinarios.

Las Hadas Enanas (nanus fatum) tendrían la misma estatura que los gnomos sino fuera por la altura que les confieren sus sombreros perfectamente cónicos. Pese a la dificultad que representa el verlas, es un poco más fácil observarlas a la hora de los pájaros en los claros del bosque. De mí sé decir que el testimonio concreto de la visualización de un hada lo recibí de la Sra. Vanda Micac en el año 1980. Claro que Vanda participaba posiblemente de la naturaleza feérica. En aquéllos años logró armar con los chicos de entre cinco y diez años una orquesta rítmica infantil que forma parte de la historia secreta de Villa Gesell. Cada tanto aquella orquesta amenaza con volver, para alegría de la ciudad, pero no pasaron de amenazas. Hay que esperar que aparezca otra hada. Dicen que las jóvenes suelen conceder deseos y buenos augurios a quienes tienen la suerte de verlas. En cambio las hadas centenarias o varias veces centenarias, sin llegar a ser malignas, acostumbran a jugar malas pasadas. Tanto los gnomos como las hadas no se pueden fotografiar, debido a que en el revelado simplemente no aparecen. Es más: resultan invisibles para algunas personas y visibles para otras, lo que a veces genera desavenencias matrimoniales.

(Texto del libro “La guía secreta de Villa Gesell” publicado en www.gesell.com.ar, portal de COTEL)