Las historias detrás de los nombres de las ciudades de la Costa

Toda ciudad guarda anécdotas interesantes y entre ellas suele estar las que dieron origen a su nombre. Homenajes a familiares y a la naturaleza, a santos y a indígenas, historias personales y divulgadas, secretos íntimos y desconocidos: un repaso por los “bautismos” de las distintas localidades de la Costa Atlántica.

Banner FB Pulso Geselino

Por J.I.P. | Toda ciudad guarda historias increíbles, y entre ellas suele estar la que dio origen a su nombre. Una tarea de gran responsabilidad, ya que con ese acto se está eligiendo el primer rasgo identitario del lugar. Las localidades de la Costa Atlántica atesoran una buena cantidad de anécdotas vinculadas con sus “bautismos”.

A diferencia de lo que creen muchos turistas, nosotros sabemos bien que Carlos le puso Villa Gesell a su creación no por referencia a él mismo, sino a su padre (el hoy rescatado economista Silvio Gesell), por quien guardaba una admiración personal y profesional. Los nombres de las otras localidades de nuestro partido son bastante simples de intuir: Mar Azul, Las Gaviotas y Mar de las Pampas.

Algo similar a lo que sucede con Mar del Plata y Miramar. O mismo con la vecina Pinamar: lo pensaron Valeria Guerrero y Jorge Bunge cuando tuvieron que ponerle título al proyecto de balneario que ambos compartían en ese lugar lleno de pinos sobre la playa. Lo que nunca se especificó es a cuál de los dos socios se le ocurrió primero. Sí se sabe, en cambio, que Valeria Guerrero fue quien decidió el nombre de Valeria del Mar, aunque no por ella, sino por Valeria Cueto Cárdenas, su abuela.

Se sabe también que Ostende fue así llamado en honor al balneario de Bélgica, país del que provenían Fernando Robette y Agustín Poli, dos de los tres fundadores del lugar (el otro fue el francés Jean Marie Boure). En tanto, Cariló significa “médano verde” en mapuche, elección curiosa, habida cuenta del nulo vínculo entre la distinguida localidad y la patagónica comunidad originaria.

En el Partido de La Costa abundan referencias a santos. Por ejemplo, San Clemente del Tuyú, la primera de las localidades balnearias sobre la Costa Atlántica viniendo desde Buenos Aires. También San Bernardo, en honor al nombre de la estancia del terrateniente Enrique Duhau, propietario de aquellas tierras. Y se cree que Santa Teresita es por Teresa Lacrose, esposa de aquel. Duhau le había puesto “Santa Teresa” al primer almacén que emplazó en sus tierras y los posteriores fundadores de la localidad como tal lo modificaron al diminutivo para denominarla.

A diferencia de otras regiones del país, en la costa no abundan referencias a los denominados “próceres”. Apenas una: aquella que eterniza a Mariano Necochea, un militar porteño que en 1812 se unió al Regimiento de Granaderos a Caballo recientemente fundado por San Martín y participó en todas las campañas libertadores de Sudamérica, tanto bajo las órdenes de este como de las de Simón Bolívar.

Otro caso curioso es el de Las Toninas,  claramente inspirada en esos pequeños delfines negros y blancos que suelen merodear esas costas. No tan claro está, en cambió, la denominación de La Lucila del Mar. Originalmente se decía que el nombre había sido recogido del de la hija de Andrés Zapatero, quien le compró al mencionado Enrique Duhau una parte de sus posesiones sobre lo hoy se como Partido de La Costa. Hasta que el historiador lucilense Carlos Abruzzese aportó un dato clave: Lucila Zapatero nació diez años después de haberse constituido el balneario. Según Abruzzeze, el nombre tiene que ver con la localidad del partido de Vicente López llamada La Lucila, de la cuál provenían los primeros compradores del lote.

Como vemos, abundan entre las inspiraciones de las localidades de la costa atlántica aquellas que tienen que ver con el entorno natural o bien con sus fundadores. Pero hay una que encierra una curiosidad. Una que, al igual que todas, lleva al mar en su nombre… aunque no precisamente por el mar. Pues Mar Chiquita no se llama por la porción de agua que precede al Océano, sino en verdad por la laguna de ese nombre que el propio Partido encierra, reflejando en su denominación a otro accidente geográfico habitual de estas playas recostadas sobre las pampas.