A. Zaldívar: “Percibo en los poemas la cadencia de mi respiración”

El director periodístico del semanario El Fundador acaba de publicar “El mar en todo”, una selección conceptual de sus trece libros de poesía; además, sigue realizando el ciclo “La poesía y el mar” en el Chalet de don Carlos.

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Aunque todos lo conozcan como el director periodístico de El Fundador, Aníbal Zaldívar se considera esencialmente un poeta. Y si el amor es uno de los motores indispensables de la sensibilidad poética, el suyo es hacia el mar. Ya lo hemos visto en otras obras (como su novela “El rumor del agua” que bajo otro nombre fue finalista del Premio Clarín de Novela 2011), en sus ciclos de charlas (“La poesía y el mar”, todos los sábados a las 19 hs en el Chalet de don Carlos) o en algunas de sus aficiones recurrentes, como pesca y o el nado en aguas abiertas.

El círculo, ahora, se cierra con “El mar en todo”, una selección conceptual de su obra poética, que comenzó en 1981 con “Respiraciones y estrellas” y continuó con una docena de libros más. “El mar en todo” puede conseguirse en todas las librerías de Villa Gesell, aunque algunos retazos de su pluma pueden apreciarse en www.anibalzaldivar.com. En su web personal también pueden encontrarse otros escritos tales como sus interesantes apuntes de viaje.

Aníbal nació en 1956 y estudió periodismo, historia y letras, aunque se jacta con cierto orgullo de “no haber concluido los estudios en ningún caso”. Dirige El Fundador desde 1987, aunque jamás dejó de lado su pasión por la poesía ni por el agua. “El mar en todo” es, ante todo, una reivindicación de su persistencia en actividades que no tenían que ver necesariamente con sus obligaciones laborales cotidianas.

– ¿Cómo surge el título?
– Apareció un día, creo que fue una inspiración de las Musas, porque ya tenía el libro preparado para entrar a imprenta, y ningún título me convencía. Recordé o encontré entre mis papeles el poema de Fernando Pessoa que lleva ese título, y me di cuenta que ahí estaba. Lo tomé prestado, tal como lo indico en el epígrafe. Tiene que ver con el hecho de la selección de poemas que yo había hecho, porque dejé afuera poemarios que no tenían que ver con el mar. Altiplano, por ejemplo, poemas surgidos de un viaje a Perú, no están incluidos. En este libro, el mar está en todas partes.

– ¿Por qué esta obra poética empieza en 1981?
– Antes de “Respiraciones y Estrellas”, mandé al fuego purificador una serie de poemarios que fueron parte de lo que consideré mi proceso de aprendizaje, entre 1978 y 1981. Ellos son: 50 poemas; Sonetos del atardecer; Cuaderno de Patricia; Discurso Matinal; Cicatrices y La esposa del mar. Algunos de estos poemas se perdieron, otros los destruí, unos pocos sobrevivieron. A veces recuerdo con nostalgia algunos versos, pero hay que saber desprenderse de las cosas. Así que este libro empieza donde yo decidí que tenía que empezar, los poemas que considero que son publicables.

– ¿Alguien te aconsejó o ayudó cuando empezaste?
– En 1978 Ignacio Anzoátegui me escribió una carta elogiosa luego de leer mis primeros poemas. Lamentablemente la perdí, pero recuerdo que estaba escrita a máquina, en un papel con su nombre membretado –sin especificación alguna de oficio y profesión- y una firma de trazo plástico y musical. Anzoátegui me repitió el consejo que le había dado su padre: “lee incesantemente, y no tengas apuro por publicar”. Terminaba con una sentencia confirmativa y romántica: “Esto va a consolidar, seguramente, tu indudable destino de poeta”. Fue un buen estímulo.

– ¿Ahora, qué te produce la lectura del libro, que abarca 28 años de tu producción?
– Al leer El mar en todo, vuelvo a percibir que la poesía se manifiesta en mí bajo distintas modalidades, que se entrelazan íntimamente. Una ligada a lo más visceral y cercano, y otra a lo externo y separado. Es una intuición que tuve tempranamente, y que inspiró el título “Respiraciones y estrellas”. Las siento como dos hilos de una materia poética hecha de pulsaciones y visiones que se organizan en el poema mediante una alquimia misteriosa. De punta a punta entonces, al releer todo el libro, percibo en los poemas la cadencia de mi respiración y un juego de formas luminosas, armando un entramado que corona esa alquimia final que es poemario titulado “Vía láctea”.