Cómo viajaron los geselinos al Mundial

En auto o en avión; solos o junto a amigos, con entradas o sin ellas, en carpa o en hostel, de vacaciones o escapándose del trabajo: historias de geselinos que viajaron a Brasil y cumplieron el sueño de estar en un Mundial.

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Desde que en 1950 comenzaron a hacerse de manera ininterrumpida tras la Segura Guerra Mundial, apenas cuatro sucedieron en Sudamérica. La cuenta da algo así como uno cada 20 años, y ése es uno de los argumentos que empujó a una multitud de argentinos a afrontar los esfuerzos necesarios para alcanzar el sueño de todo futbolero apasionado: ir a un Mundial. 

Entre los miles y miles de argentos se encontraron varios geselinos, quienes hicieron todo tipo de malabares para poder estar en Brasil y disfrutar de la primera fase del torneo.

“Vamos a tratar de estirarla lo máximo posible”, le contó Alan Baratcharte a un periodista de Canal 10 de Mar del Plata, quien lo entrevistó en una céntrica playa de Río de Janeiro poco antes del partido de Argentina y Bosnia. El Vasco estaba acompañado por una numerosa pandilla geselina. Casi todos salieron el 8 de junio, la mayoría en auto, aunque algunos lo hicieron en avión.

El grupo, compuesto por una quincena de geselinos, hizo base en Arraial do Cabo y luego se movió hacia Río de Janeiro y Belo Horizonte, las sedes de los dos primeros partidos de Argentina en el Mundial. Aunque en principio deseaban evaluar la posibilidad de prolongar la estadía, finalmente emprendieron el lento retorno después de que la Selección cerró su participaron en la fase de grupos venciendo a Nigeria en Porto Alegre.

“Salimos de Brasil el domingo a las 6 de la mañana y llegamos a Gesell el martes. Solo dormimos cuatro horitas en Sao Gabriel, a 400 kilómetros de la frontera con Argentina”, explica Juan Manuel Blengini, uno de los que se volvió. No todos tenían entrada. Solo seis. El resto siguió el partido desde el Fan Fest, lugar acondicionado por la FIFA en las distintas ciudades que son sedes para poder acoger a la gente que no podía conseguir accesos a los estadios.

De ese grupo, hay tres que se mueven por afuera y tienen otros objetivos. Se trata de Nicolás Valdivia, Julián Starosta y Alberto Enriquez, que viajaron un poco antes (el 31 de mayo) y se instalaron en Niteroi, también cerca de Río. Pero el Mundial fue solo una excusa: “Queríamos conocer Brasil de antes y estamos viendo la posibilidad de quedarnos un poco más y luego seguir subiendo hasta donde se pueda”, asegura Nico.

Ellos ya cumplieron su sueño personal. Para el otro, hay que esperar hasta el 13 de julio.