Con El Viejo Correo, vuelve un lugar emblemático de Villa Gesell

Fue residencia de una familia de pioneros, vivero, inmobiliaria, estacionamiento, bar, correo, y hasta cine a cielo abierto improvisado por la Embajada Alemana; después de años de olvido, el lugar revivió en un interesante formato gastronómico.

noticias@gesell.com.ar

¿Los lugares valen por los que escribieron su historia, o por los que se encargan de que esta siga haciéndose visible? No hay respuestas absolutas, aunque en este caso podemos confirmar con justicia que el mérito le corresponde a ambas partes: el emblemático lugar de Avenida 3 número 553 luce todo su valor histórico gracias a un nuevo emprendimiento que lo realza.

Se trata de El Viejo Correo, un restaurant que en su nombre guarda el espíritu de una de las utilidades más célebres del edificio. Aunque su historia, bien se sabe, no comenzó cuando el Correo Argentino instaló su oficina en Villa Gesell.

Su construcción se remonta a 1950, “cuando los señores Sutton y Davel construyen dos viviendas exactamente iguales”, apunta Alicia Vanneste, la propietaria original del lugar. Cuatro años después, Norberto Vanneste le compró uno de los duplex a Roux, el dueño del Hotel Normandi (105 entre 2 y 3), ya que él y su familia querían instalarse en Gesell.

En 1957 pusieron un vivero, ya que Paul, el hijo de Norberto, había estudiado un año en el vivero Van Heden de Mar del Plata. “Son los que colocaron el actual pino sobre la 3”, agrega Alicia. Una década después se amplió la vivienda y se mudó la Inmobiliaria Vanneste.

“Donde actualmente está la galería, era el estacionamiento para los clientes. 
Y en verano, a la noche, la Embajada Alemana pasaba películas documentales. Los turistas traían la sillita de playa y disfrutaban del cine al aire libre”
, recuerda Alicia.

A partir de la década del ’80 empieza a construirse el resto de la galería. Aunque el local del fondo siempre fue el de mayor magnetismo. Durante mucho tiempo fue un nudo importante de contacto de Gesell con la exterioridad, ya que allí llegaban y salían las cartas despachadas por el Correo Argentino.

Así fue, hasta 1995. Tras una breve experiencia con una mueblería, abre El Ventanal, que funciona desde 1999 hasta 2011. Hubo unos años de vacío y silencio, hasta que el local reabrió sus puertas como El Viejo Correo, un emprendimiento gastronómico de dos jóvenes amigas geselinas que se lanzan a la tarea de recuperar el valor histórico del lugar mezclando la magia de su pasado con la propuesta de su presente.

El restaurant funciona con una carta amplia, aunque también ofrece platos infrecuentes o especialidades imbatibles, como el besugo a la vasca, cazuela, paella, fondués de queso, carne y chocolate, tablas de fiambre y de mar y hasta bagna cauda. Y para beber puede elegirse una auténtica cerveza artesanal geselina, tirada directo al chopp.

Entre los postres se destacan el cheese cake de maracuyá con fruta fresca, el marquise de chocolate o la torta de mantecol, manjares creados por Cecilia Somoza, ex repostera de la Pastelería Holandesa y de Las Algarrobas de Mar de las Pampas.

El lugar guarda muchos secretos. Algunos datan de otras épocas. Otros, son de ahora. Como el patio alejado del ruido, con piso de piedras y mesas de madera. Allí hay espectáculos casi todas las noches (hace poco estuvo Botagofo), en un clima ameno, viviendo una experiencia única en todo Villa Gesell.


Con El Viejo Correo, vuelve un lugar emblemático de Villa Gesell

Fue residencia de una familia de pioneros, vivero, inmobiliaria, estacionamiento, bar, correo, y hasta cine a cielo abierto improvisado por la Embajada Alemana; después de años de olvido, el lugar revivió en un interesante formato gastronómico.

noticias@gesell.com.ar

¿Los lugares valen por los que escribieron su historia, o por los que se encargan de que esta siga haciéndose visible? No hay respuestas absolutas, aunque en este caso podemos confirmar con justicia que el mérito le corresponde a ambas partes: el emblemático lugar de Avenida 3 número 553 luce todo su valor histórico gracias a un nuevo emprendimiento que lo realza.

Se trata de El Viejo Correo, un restaurant que en su nombre guarda el espíritu de una de las utilidades más célebres del edificio. Aunque su historia, bien se sabe, no comenzó cuando el Correo Argentino instaló su oficina en Villa Gesell.

Su construcción se remonta a 1950, “cuando los señores Sutton y Davel construyen dos viviendas exactamente iguales”, apunta Alicia Vanneste, la propietaria original del lugar. Cuatro años después, Norberto Vanneste le compró uno de los duplex a Roux, el dueño del Hotel Normandi (105 entre 2 y 3), ya que él y su familia querían instalarse en Gesell.

En 1957 pusieron un vivero, ya que Paul, el hijo de Norberto, había estudiado un año en el vivero Van Heden de Mar del Plata. “Son los que colocaron el actual pino sobre la 3”, agrega Alicia. Una década después se amplió la vivienda y se mudó la Inmobiliaria Vanneste.

“Donde actualmente está la galería, era el estacionamiento para los clientes.
Y en verano, a la noche, la Embajada Alemana pasaba películas documentales. Los turistas traían la sillita de playa y disfrutaban del cine al aire libre”
, recuerda Alicia.

A partir de la década del ’80 empieza a construirse el resto de la galería. Aunque el local del fondo siempre fue el de mayor magnetismo. Durante mucho tiempo fue un nudo importante de contacto de Gesell con la exterioridad, ya que allí llegaban y salían las cartas despachadas por el Correo Argentino.

Así fue, hasta 1995. Tras una breve experiencia con una mueblería, abre El Ventanal, que funciona desde 1999 hasta 2011. Hubo unos años de vacío y silencio, hasta que el local reabrió sus puertas como El Viejo Correo, un emprendimiento gastronómico de dos jóvenes amigas geselinas que se lanzan a la tarea de recuperar el valor histórico del lugar mezclando la magia de su pasado con la propuesta de su presente.

El restaurant funciona con una carta amplia, aunque también ofrece platos infrecuentes o especialidades imbatibles, como el besugo a la vasca, cazuela, paella, fondués de queso, carne y chocolate, tablas de fiambre y de mar y hasta bagna cauda. Y para beber puede elegirse una auténtica cerveza artesanal geselina, tirada directo al chopp.

Entre los postres se destacan el cheese cake de maracuyá con fruta fresca, el marquise de chocolate o la torta de mantecol, manjares creados por Cecilia Somoza, ex repostera de la Pastelería Holandesa y de Las Algarrobas de Mar de las Pampas.

El lugar guarda muchos secretos. Algunos datan de otras épocas. Otros, son de ahora. Como el patio alejado del ruido, con piso de piedras y mesas de madera. Allí hay espectáculos casi todas las noches (hace poco estuvo Botagofo), en un clima ameno, viviendo una experiencia única en todo Villa Gesell.