Villa Gesell y la búsqueda de una fiesta que la identifique

Se aproxima la Semana de la Diversidad Cultural, continuación histórica del evento creado en 1967 bajo el nombre de Fiesta de la Raza en el Mar. La historia del evento que lidia con una responsabilidad sensible: darle a la ciudad su mejor fin de semana fuera de temporada.

Por Juan I. Provéndola | Desde tiempos inmemoriales los pueblos buscaron instancias para interactuar socialmente, construir identidad y encontrar motivos para festejar. En Villa Gesell, ese rol le corresponde a la vieja Fiesta de la Raza (hoy rebautizada felizmente Semana de la Diversidad Cultural). Aunque, a diferencias de muchos ejemplos en otras ciudades, esta no nació para ser su fiesta principal, sino que fueron los acontecimientos históricos y la conyuntura los que la colocaron en ese lugar.

La fiesta nació a raíz de la iniciativa de un grupo de vecinos de origen español, quienes buscaron la forma de exponer parte de su cultura a través de un acontecimiento que los identificara, un lugar desde donde mostrar y compartir costumbres y tradiciones. Su primera edición data de 1967, más precisamente en el fin de semana largo del 12 de octubre, día en el conmemoraban el Día de la Hispanidad con paella y baile en las instalaciones del Club Español.

El festejo fue creciendo y se sumaron vecinos, amigos y visitantes, para luego ir abriéndose a la participación de otras colectividades e instituciones. La falta de espacio obligó a los organizadores a sacar la fiesta de los salones del Club Español. Como no había lugar más grande, tuvieron que ir a la calle. Allí comenzaron los desfiles de autos antiguos, carrozas y, recientemente, cabezudos. También fue el inicio de los espectáculos artísticos en la Plaza Primera Junta y eventos en distintos puntos de la ciudad. E hicieron su aparición los tradicionales stands gastronómicos (a los que acceden todas las instituciones que realizan una carroza para el desfile).

1981 marcó un verdadero hito en la vieja Fiesta de la Raza en el Mar, ya que a partir de allí el evento se instalará de manera continua (hasta ese entonces se realizó con algunas interrupciones) y comenzará a alcanzar otro nivel la importancia. La Municipalidad también decide volcar su apoyo e intervenir activamente, declarándola de Interés Municipal, un hecho que sirvió para luego obtener lo mismo de tanto de Provincia de Buenos Aires como de la Nación

Esa edición constituyó un verdadero quiebre en la forma de concebir el festejo, ya que la ciudad parece asumirlo de una vez por todas como su gran fiesta anual. La organización contrató a Juan Alberto Badía y a Fernando Bravo, quienes se sumaron al periodista geselino Raúl Giacoboni como trío de presentadores oficiales. El colegio San Martín ganó el desfile de carrozas gracias a una réplica de una gran carabela y Mirta Casado, fue elegida como la “Reina de la Raza” por un jurado que lo integraban el por entonces entrenador de la Selección Argentina de Fútbol, César Luis Menotti, y la actriz Gilda Louselk. Un ritual que decidió interrumpirse hace dos años, en sintonía con otras fiestas que también eliminaron los concursos de belleza por consideralos sexistas y estereotipadores.

Ya en ese entonces las crónicas destacaban uno de los grandes enemigos de la gran fiesta: la lluvia. Un temor constante de toda víspera era la aparición de un cielo violáceo y plomizo, de esos que preanuncian los aguaceros que obligaron a posponer o, en el peor de los casos, a suspender eventos que normalmente son al aire libre. El mal recuerdo se retrotrae incluso a años recientes, cuando incesantes tormentas empañaron un fin de semana esperado no solo por turistas, sino también por los geselinos que aguardan el aluvión de visitantes para hacer una diferencia económica antes del verano.

El esfuerzo de un grupo de entusiastas dirigentes del Club Deportivo Español, al cual se ha ido sumando gran parte de la población geselina, posibilitó la jerarquización de este verdadero acontecimiento que, con el tiempo, fue declarada, sucesivamente, de Interés Municipal, Provincial, Fiesta Provincial, de Interés Nacional, y Fiesta Nacional, esto último a partir de 1993.

La polémica por la relevancia cultural que se le dio a la llegada de Cristóbal Colón al suelo americano y un fuerte impulso por reivindicar los derechos arrasados de los pueblos originarios derivó en la feliz eliminación del nombre de Fiesta de la Raza en reemplazo del Semana de la Diversidad Cultural. Un detalle que modificó su identidad: aunque la comunidad española sigue fundamental en su organización, a partir de ese entonces legitimaron sus espacios dentro del evento las otras colectividades con representación en Gesell (desde la alemana hasta las sudamericanas), que de todos modos ya estaban interviniendo.

Es que las banderas nunca fueron un problema. A todas las aproxima la misma esperanza: la de provocar la festividad más importante que Villa Gesell produce en todo su año calendario.